object(stdClass)#16 (48) { ["id"]=> string(3) "646" ["cid"]=> string(2) "28" ["uid"]=> string(1) "2" ["membership_id"]=> string(1) "0" ["title_en"]=> string(0) "" ["title_es"]=> string(68) ""Es una niña" y "Mamá ¿me cuentas un cuento?"" ["subtitle_es"]=> string(68) "Ganadores de décima edición de Relatos Cortos por la Igualdad 2018" ["slug"]=> string(39) "es-una-nina-y-mama-me-cuentas-un-cuento" ["short_desc_en"]=> NULL ["short_desc_es"]=> string(53) "A continuación, los dos relatos ganadores íntegros." ["body_en"]=> NULL ["body_es"]=> string(47222) "<p><b><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">“Es una niña”, por Ana Higueras</span></b></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">&nbsp;“Es una niña”, dijeron al verme. Y tuve la impagable suerte de que aquello supuso una fiesta. Porque nací mujer, mujer con suerte, con la suerte infinita de venir a este mundo en este país en el tiempo de una democracia incipiente, fruto del amor y la decisión consciente de un padre que deseaba una hija primogénita y una madre exquisita en su compromiso por la igualdad y (todavía no se denominaba así) el empoderamiento femenino, en una época en que todo era ilusionante, rápido, posible y construible.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif;mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Mujer con suerte, pues, no solo por lugar y fecha de nacimiento -cuestiones que ya suponen el gordo de la lotería, que España no es la India ni los ochenta la Edad Media-, con la comodidad añadida de contar con una identidad de género consonante con mi identidad sexual y, por añadidura, al crecer, -a veces muy a mi pesar- monógama heterosexual, con el privilegio que supone contar con lo normativo a favor, que abrir camino nunca es sencillo y ser diferente siempre tiene más mérito, por más difícil.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Más allá, o más bien más acá, también cuento con la fortuna de mi realidad cotidiana y concreta, en la que crecí y aprendí, con mi padre duchándome o haciendo la cena al volver de una reunión importante y mi madre enseñando a mi hermano a hacer la cama a una edad incluso más temprana que a la que yo aprendí, que no cupiera ni la más mínima duda de la escrupulosa igualdad en la que siempre, y en todo, fuimos educados. Niña deseada y querida, respetada, protegida y dichosa, en una realidad apacible y fácil, con el aprendizaje de un mundo justo, igualitario y amable, en el que crecí, elegí, logré, me convertí en la mujer que soy, independiente, feliz, privilegiada, fuerte, en el que siempre me sentí cómoda y capaz, en absoluto discriminada, consciente de mi suerte y mi poder, libre. O eso creía.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">“Es una niña”, me dijo el ecógrafo hace dos semanas. Y de nuevo esa noticia desencadenó una fiesta.&nbsp;Si algún día, de pequeña, fantaseé con ser madre, sin duda tenía hijas. Si en estos días de tomar esta dificilísima decisión, de cambios y vértigo, ganas, responsabilidad, miedo e ilusión alguien me ha preguntado, más allá de la verdadera y típica respuesta de que lo importante es que venga bien, nunca he negado que prefería niña.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Y prefiero niña, sin duda: por identidad, por orgullo de género, porque he sido feliz siendo mujer, porque me gusta ser mujer y las mujeres que pueblan mi mundo, porque sí. Pero aquí estoy, son las tres de la mañana y es la quinta noche que a estas horas paseo por mi casa, yo, que siempre he dormido como un cesto, y una desazón opaca se ha instalado en mí y me acompaña.</span></i><span style="font-family: &quot;Helvetica&quot;,sans-serif;mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Son las tres de la mañana y no sé si es la noche, las hormonas, el mirar cómo mi ombligo crece recordándome que en unos meses dejaré de ser el centro único de mi mundo, pero tengo unas inmensas ganas de llorar y una sola palabra clavada en la garganta, una que he tratado de digerir por sorprendente, pero que se empeña en salir o en ahogarme.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Y estallo, y conmigo la angustia y el llanto, y me reconozco vencida, al menos hasta ahora, que, en tromba, me veo desbordada por una riada de certezas imparables, de pequeñas (y grandes) espinas que jamás consideré de esta manera, que nunca, hasta hoy, se me clavaron a la vez, certeras, hirientes, impostergables, ciertas y dolorosas, liberadoras y necesarias.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Perdón, perdón, perdón. Esa es la palabra. Perdón por aquellas cuestiones que parecieron minucias y que hoy, aquí, no me parecen tan nimias. Perdón por competir con otras mujeres, por sentirme superior o inferior a ellas, por, de esta manera, cosificarme y cosificarlas, por poner el foco en los kilos que me sobran, en la falda demasiado corta de mi amiga, en el cómo vas a salir así a la calle que, incluso yo, tan teóricamente atenta a cualquier signo, más de una vez me he dicho, por creerme que delgada me querrían más, por ceder a ratos a un juego que no tenía mis reglas.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Perdón. Perdón por conformarme, por mirar para otro lado muchas veces, por ejercer el control y permitir que lo ejercieran sobre mí, por a veces bajar la guardia y descubrirme a ratos envidiosa, por sentirme inferior, fea, gorda o no merecedora. Por tener celos, miedos, fantasmas.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Perdón, por justificar dolores, por soportar agresiones teóricamente irrelevantes en forma de palabras que se me clavaron como lanzas sin que jamás dijera nada, por alimentar diferencias, callar mi opinión, no corregirte jamás, no fuera a ser que te sentara mal, querer parecer ingenua y conformarme con migajas cual pájaro enjaulado, por sentirme culpable si osé volar libre. Perdón por las veces en que disimulé y cedí, hice como si nada y me tragué mi orgullo pensando que así lo hacía mejor.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Pido perdón, en esta noche que empieza a clarear, perdón a las mujeres que me precedieron y cargaron con hijos, casas, estrecheces, silencios y dolores, perdón a todas ellas que lo tuvieron mucho más difícil, perdón a mis abuelas, a mi madre, que me educó para ser libre y yo misma me puse tantas veces cadenas invisibles,&hellip; me pido perdón por ello, y, en mí, pido perdón a las que, detrás, seguirán teniendo que estar atentas para romper el sutil velo del todo está bien que tantas veces nos obligamos a ponernos para verlo todo un tono más rosa.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif;mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Perdón a la niña que fui por no permitirla gritar, patalear, decir no. Por responder al registro de niña buena, por entender y asumir que eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca. Me disculpo, con hipo y mocos, ante la adolescente que un día decidió engordar para no ser deseada, para no correr el riesgo de provocar a los hombres con un cuerpo deseable, como si la responsabilidad tuviera algo que ver con la víctima y el valor con las medidas del cuerpo. A la que se sintió sucia por disfrutar de una felación o a la que cedió a no utilizar preservativo, a la que disculpó al novio de su amiga porque iba borracho cuando quiso besarla y disimuló si en el metro le tocaron el culo.</span></i><span style="font-family: &quot;Helvetica&quot;,sans-serif;mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Pido perdón a la mujer inteligente que tantas veces disimulé, a la que quise cortar medio cerebro para ser más feliz, más adaptativa, y sobre todo, más querida y querible. Me pido perdón por pensar muchas veces que calladita estaba más guapa, por recriminarme los desafueros y los excesos, por entender y justificar críticas e intromisiones.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Le pido perdón a mi cuerpo, por lesionarle y agredirle, por odiarle tantas veces y someterle a dietas obscenas, críticas feroces, presiones desafiantes y miradas hirientes.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif;mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Me pido perdón por los orgasmos que fingí con la única intención de no herir la autoestima del macho de turno, por a veces sentirme incompleta sin un hombre al lado, por creerme los cuentos de hadas y desear comer perdices aun siendo más de chuletón&hellip; perdón, por creerme mitad y naranja, pequeña, insuficiente, responsable del mundo y sus desdichas, por considerarme mala persona si decía no, o solo por pensarlo; por no expresar deseos ni frustraciones, por complacer a toda costa y no escuchar mi alma y sus vaivenes, por no permitirme ser imperfecta y no llegar, por renunciar tantas veces a ser la que tendría que haber dado un corte de manga, por sentirme tantas veces culpable.</span></i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif;mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p style="margin: 0cm 0cm 22.5pt; background-image: initial;"><i><span style="font-family:&quot;Helvetica&quot;,sans-serif; mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424">Perdón, repito, ya más tranquila. Amanece, y sonrío. Lleno los pulmones y confío. Soy una mujer engendrando una vida, la de otra mujer. Y ahora, hoy, aquí, por fin, me siento poderosa y capaz, sabia y libre, humana, hermanada con las mujeres, parte de un ciclo, en comunión con los hombres, igual, liberada, atenta, protegida y protectora, con la obligación de gritar, yo que puedo, por aquellas que no pueden, reconciliada, fuerte, voz, camino&hellip;</span></i><span style="font-family: &quot;Helvetica&quot;,sans-serif;mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;color:#242424"><o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><o:p>&nbsp;<span><img src="uploads/Entrega de premios 31 (1).jpg" alt="Entrega de premios 31 (1)"></span></o:p></p><p class="MsoNormal" align="center" style="text-align:center;line-height:200%; mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><b>Mamá, ¿me cuentas un cuento? Por Ruth Meléndez<o:p></o:p></b></p><p class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Mamá, ¿me cuentas un cuento? <o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>-Claro bonita, pero tápate bien, que no quiero que te enfríes&hellip; Érase una vez, hace muchos, muchos años, en un lugar muy, muy lejano vivía mucha gente. Había niñas, niños, madres, padres, abuelas, abuelos, tías, tíos&hellip; unos trabajaban, otros iban al cole, unos eran simpáticos y alegres, otros serios, unos eran malhumorados, otros eran callados, a unos les gustaba aprender cosas, a otros les gustaba más tomar el sol, a unos les gustaba su trabajo, a otros no&hellip; vivían felices unas veces, otras veces con problemas, con vidas normales&hellip; pero muchos de ellos tenían un problema muy, muy grande&hellip; <o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¿Qué les pasaba Mamá?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Tenían miedo.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¿Miedo? ¿de qué?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>De todo lo que era diferente. Ya verás. Si había personas de un color que estaban trabajando y llegaba un compañero nuevo de otro color, se asustaban. Si había niños jugando en el parque y llegaba una niña que quería jugar con ellos, se asustaban. Si había estudiantes en clase y llegaba uno nuevo muy alto, o muy bajo, o muy gordo, o muy flaco, también se asustaban. Había rosados que tenían miedo si veían a uno marrón, había marrones que tenían miedo si se les acercaba uno naranja, había niños que se asustaban cuando llegaba uno que tenía gafas, había mujeres que tenían miedo si llegaba una muy guapa&hellip; había gente que tenía miedo de otra gente por todas partes.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Pues ¡qué tontos eran! ¿no, Mamá? ¿Y qué hacían? ¿Se escondían debajo de la mesa?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Bueno, no sé si eran tontos&hellip; lo que sí sé es que tenían miedo, pero no se escondían debajo de la mesa, no. Lo que hacían era disimular su miedo riéndose de los que eran diferentes. Era “su truco”. Pensaban que riéndose de los diferentes, los harían pequeñitos, pequeñitos, muy pequeñitos, y entonces ellos mismos, los diferentes, se esconderían, y se quedarían allí, en sus casas, con las puertas cerradas, porque los miedosos habrían conseguido que los que tuviesen miedo fuesen ellos, los diferentes. Pero, ¿a que no te imaginas de quién tenían los hombres más miedo que de nadie? <o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¡Sí! ¡Sí! ¡Sí que lo sé! ¡Tenían mucho miedo de los que eran muy grandes y muy fuertes! ¿A que sí, Mamá?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Pues no&hellip; de quien más miedo tenían era de las niñas pequeñitas.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¿De las niñas? No lo entiendo Mamá&hellip; pero ¿por qué?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Porque esas niñas iban al cole, se hacían mayores, y aprendían a leer, a escribir, a pensar, a mandar, a escuchar, a entender. Hasta entonces estaban acostumbrados a que cuando las niñas se hacían mayores se casaban, tenían hijos, y se convertían en las reinas de su casa, pero no salían de allí, y cuando los hombres se dieron cuenta de que esas niñas podían también salir a la calle y ser profesoras, banqueras, científicas, astronautas, y construir puentes, y escribir libros, y dirigir empresas, y países&hellip; les dio tanto miedo&hellip; que no supieron qué hacer. Temían que llegaran a hacerse tan grandes, que los que se harían pequeñitos serían ellos, y entonces su magia se volvería contra ellos mismos, y ellos serían los que se encogerían mucho, muucho, muchííííísimo, hasta sentirse tan pequeñitos que no podrían moverse nunca más.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Pero entonces, ¿los que tenían miedo sabían hacer magia de verdad Mamá? ¿consiguieron hacer pequeñitos a los diferentes y a las niñas?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Desgraciadamente a algunos de ellos les funcionó el truco. Hicieron pequeñitos a mucha gente, a muchas niñas, y a muchas niñas que ya habían crecido y se habían hecho grandes. Personas que querían hacer cosas y que se sintieron tan pequeñitas, que se escondieron y se sintieron incapaces de hacer realidad sus sueños. Dejaron de querer estudiar lo que querían, dejaron de trabajar en lo que les gustaba, y dejaron de soñar.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Pobrecitos, Mamá&hellip;qué pena. ¡Qué cuento más triste! no me gusta.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Sí, es una pena, es verdad. Pero el cuento no acaba así. También hubo muchos que no se dejaron hacer pequeñitos. Había diferentes que eran valientes, mujeres que eran valientes, que dijeron que no. Que no iban a escuchar las cosas que les decían los miedosos, que no iban a dejar de hacer lo que querían hacer, que no iban a dejar de estudiar, que no iban a dejar de trabajar, que no iban a dejar de soñar. Y no sólo no iban a dejar que nadie les hiciera pequeñitos a ellos, sino que iban a luchar por todos los diferentes, todas las mujeres, y todas las niñas, que se habían hecho pequeñitas con la magia de los miedosos.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¿Y también había hombres valientes Mamá?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Claro que sí, había también hombres valientes que no estaban dispuestos a dejar que nadie hiciese pequeñitas a sus niñas, y que también lucharon para ayudarlas.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¿Como Papá? <o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Sí, chiquitina, como Papá. La vida cambió mucho en aquel lugar lejano. La magia de los miedosos perdió poder, dejó de funcionar en muchos sitios. Muchos diferentes consiguieron vivir la vida que querían, muchas niñas se hicieron mujeres que construyeron los puentes que querían construir, escribieron los libros que querían escribir, investigaron los problemas de la ciencia que querían entender&hellip; hicieron muchas cosas maravillosas, y la gente dejó de mirar mal a los diferentes y a las niñas, y empezó a mirar mal a los que miraban mal a esas niñas y a esos diferentes.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¡Bieeeen! ¿Y los miedosos perdieron Mamá? ¿todo el mundo dejó de tener miedo? ¿así acaba el cuento?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>No, los miedosos siguieron existiendo. Seguían intentando cortarles las alas a las niñas. Querían intentar seguir haciéndolas pequeñitas, pero cada vez les resultaba más difícil. Tenían que usar trucos nuevos, les ponían más dificultades, valoraban menos su trabajo, no las premiaban igual por lo que hacían&hellip;<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>No lo entiendo Mamá. <o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>A ver cómo te lo explico&hellip; imagínate el cuento de Caperucita, cuando tenía que llevarle la merienda a la Abuelita. Pues los miedosos mandaban a un hombre por el camino corto, y a una mujer la mandaban por el camino largo.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¡Como el lobo!<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Sí, como el lobo&hellip; y si había que subir al segundo piso de un edificio, los miedosos enviaban a un hombre por el ascensor, y a una mujer la enviaban a subir por las escaleras. Los miedosos le daban a un hombre dos bolsas de caramelos por su trabajo, pero a una mujer sólo le daban una&hellip;<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¡Pero eso no es justo Mamá! ¡Qué malos eran los miedosos! ¿Y entonces las mujeres qué hicieron? ¿Dejaron de hacer cosas? Porque si a ellas se lo ponían todo más difícil, y además les daban menos caramelos, ¿para qué querían estudiar o trabajar?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>No, mi amor, los miedosos no eran malos. Sólo tenían miedo, y cuando las personas tienen miedo hacen muchas tonterías, y a veces, si no consiguen quitarse ese miedo, hacen cosas malas, pero eso no quiere decir que ellos sean malos. Y las mujeres no dejaron de estudiar, ni de trabajar. Al contrario, no eran tan tontas como para dejar que unos cuantos miedosos ganaran y no les dejaran hacer lo que a ellas les gustaba. Lo que hicieron fue seguir estudiando, y seguir trabajando, y protestar cada vez que se daban cuenta de que les estaban haciendo trampas. Y así poco a poco, fueron cambiando el mundo.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¡Qué bien Mamá! Ahora sí que me gusta este cuento.&nbsp; Me gustaría ir a ayudar a esas niñas a mí también.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¿Quieres que te cuente un secreto?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Cuéntamelo por favor!<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Tú también las puedes ayudar. Porque todo esto pasó hace muuuucho tiempo en un lugar muuuuy lejano, pero también hace muy poquito, muy cerca de aquí, y tú tienes que estar preparada para no permitir que ningún miedoso te intente hacer pequeñita ni a ti, ni a nadie que esté cerca de ti. <o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>¿Y cómo lo voy a poder conseguir Mamá?<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Tienes que ir al cole, aprender todo lo que puedas, aprender a escuchar, y aprender a expresar bien tus ideas, para que tu magia pueda crecer dentro de ti. Cuanto más preparada estés en la vida, más fuerte te hará tu magia, más brillarás, y los miedosos no se atreverán a intentar hacerte pequeñita ni a ti, ni a nadie que esté cerca de ti, porque sabrán que tú eres fuerte, y que tú no lo consentirás. Así que ahora cierra los ojos y duérmete para que mañana puedas ir al cole, sigas aprendiendo muchas cosas, y puedas ser lo que tú quieras y donde tú quieras.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Buenas noches Mamá. Te quiero.<o:p></o:p></i></p><p class="MsoNormal"><o:p> </o:p></p><p class="MsoListParagraphCxSpLast" style="margin-left:0cm;mso-add-space:auto; text-indent:-18.0pt;line-height:200%;mso-pagination:none;mso-list:l0 level1 lfo1; mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"><!--[if !supportLists]--><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif;mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;; color:black;mso-ansi-language:ES">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><!--[endif]--><i>Buenas noches mi amor. 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Ganadores de décima edición de Relatos Cortos por la Igualdad 2018

"Es una niña" y "Mamá ¿me cuentas un cuento?"

1 Comentarios
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23 abr 2018

“Es una niña”, por Ana Higueras

 “Es una niña”, dijeron al verme. Y tuve la impagable suerte de que aquello supuso una fiesta. Porque nací mujer, mujer con suerte, con la suerte infinita de venir a este mundo en este país en el tiempo de una democracia incipiente, fruto del amor y la decisión consciente de un padre que deseaba una hija primogénita y una madre exquisita en su compromiso por la igualdad y (todavía no se denominaba así) el empoderamiento femenino, en una época en que todo era ilusionante, rápido, posible y construible.

Mujer con suerte, pues, no solo por lugar y fecha de nacimiento -cuestiones que ya suponen el gordo de la lotería, que España no es la India ni los ochenta la Edad Media-, con la comodidad añadida de contar con una identidad de género consonante con mi identidad sexual y, por añadidura, al crecer, -a veces muy a mi pesar- monógama heterosexual, con el privilegio que supone contar con lo normativo a favor, que abrir camino nunca es sencillo y ser diferente siempre tiene más mérito, por más difícil.

Más allá, o más bien más acá, también cuento con la fortuna de mi realidad cotidiana y concreta, en la que crecí y aprendí, con mi padre duchándome o haciendo la cena al volver de una reunión importante y mi madre enseñando a mi hermano a hacer la cama a una edad incluso más temprana que a la que yo aprendí, que no cupiera ni la más mínima duda de la escrupulosa igualdad en la que siempre, y en todo, fuimos educados. Niña deseada y querida, respetada, protegida y dichosa, en una realidad apacible y fácil, con el aprendizaje de un mundo justo, igualitario y amable, en el que crecí, elegí, logré, me convertí en la mujer que soy, independiente, feliz, privilegiada, fuerte, en el que siempre me sentí cómoda y capaz, en absoluto discriminada, consciente de mi suerte y mi poder, libre. O eso creía.

“Es una niña”, me dijo el ecógrafo hace dos semanas. Y de nuevo esa noticia desencadenó una fiesta. Si algún día, de pequeña, fantaseé con ser madre, sin duda tenía hijas. Si en estos días de tomar esta dificilísima decisión, de cambios y vértigo, ganas, responsabilidad, miedo e ilusión alguien me ha preguntado, más allá de la verdadera y típica respuesta de que lo importante es que venga bien, nunca he negado que prefería niña.

Y prefiero niña, sin duda: por identidad, por orgullo de género, porque he sido feliz siendo mujer, porque me gusta ser mujer y las mujeres que pueblan mi mundo, porque sí. Pero aquí estoy, son las tres de la mañana y es la quinta noche que a estas horas paseo por mi casa, yo, que siempre he dormido como un cesto, y una desazón opaca se ha instalado en mí y me acompaña.

Son las tres de la mañana y no sé si es la noche, las hormonas, el mirar cómo mi ombligo crece recordándome que en unos meses dejaré de ser el centro único de mi mundo, pero tengo unas inmensas ganas de llorar y una sola palabra clavada en la garganta, una que he tratado de digerir por sorprendente, pero que se empeña en salir o en ahogarme.

Y estallo, y conmigo la angustia y el llanto, y me reconozco vencida, al menos hasta ahora, que, en tromba, me veo desbordada por una riada de certezas imparables, de pequeñas (y grandes) espinas que jamás consideré de esta manera, que nunca, hasta hoy, se me clavaron a la vez, certeras, hirientes, impostergables, ciertas y dolorosas, liberadoras y necesarias.

Perdón, perdón, perdón. Esa es la palabra. Perdón por aquellas cuestiones que parecieron minucias y que hoy, aquí, no me parecen tan nimias. Perdón por competir con otras mujeres, por sentirme superior o inferior a ellas, por, de esta manera, cosificarme y cosificarlas, por poner el foco en los kilos que me sobran, en la falda demasiado corta de mi amiga, en el cómo vas a salir así a la calle que, incluso yo, tan teóricamente atenta a cualquier signo, más de una vez me he dicho, por creerme que delgada me querrían más, por ceder a ratos a un juego que no tenía mis reglas.

Perdón. Perdón por conformarme, por mirar para otro lado muchas veces, por ejercer el control y permitir que lo ejercieran sobre mí, por a veces bajar la guardia y descubrirme a ratos envidiosa, por sentirme inferior, fea, gorda o no merecedora. Por tener celos, miedos, fantasmas.

Perdón, por justificar dolores, por soportar agresiones teóricamente irrelevantes en forma de palabras que se me clavaron como lanzas sin que jamás dijera nada, por alimentar diferencias, callar mi opinión, no corregirte jamás, no fuera a ser que te sentara mal, querer parecer ingenua y conformarme con migajas cual pájaro enjaulado, por sentirme culpable si osé volar libre. Perdón por las veces en que disimulé y cedí, hice como si nada y me tragué mi orgullo pensando que así lo hacía mejor.

Pido perdón, en esta noche que empieza a clarear, perdón a las mujeres que me precedieron y cargaron con hijos, casas, estrecheces, silencios y dolores, perdón a todas ellas que lo tuvieron mucho más difícil, perdón a mis abuelas, a mi madre, que me educó para ser libre y yo misma me puse tantas veces cadenas invisibles,… me pido perdón por ello, y, en mí, pido perdón a las que, detrás, seguirán teniendo que estar atentas para romper el sutil velo del todo está bien que tantas veces nos obligamos a ponernos para verlo todo un tono más rosa.

Perdón a la niña que fui por no permitirla gritar, patalear, decir no. Por responder al registro de niña buena, por entender y asumir que eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca. Me disculpo, con hipo y mocos, ante la adolescente que un día decidió engordar para no ser deseada, para no correr el riesgo de provocar a los hombres con un cuerpo deseable, como si la responsabilidad tuviera algo que ver con la víctima y el valor con las medidas del cuerpo. A la que se sintió sucia por disfrutar de una felación o a la que cedió a no utilizar preservativo, a la que disculpó al novio de su amiga porque iba borracho cuando quiso besarla y disimuló si en el metro le tocaron el culo.

Pido perdón a la mujer inteligente que tantas veces disimulé, a la que quise cortar medio cerebro para ser más feliz, más adaptativa, y sobre todo, más querida y querible. Me pido perdón por pensar muchas veces que calladita estaba más guapa, por recriminarme los desafueros y los excesos, por entender y justificar críticas e intromisiones.

Le pido perdón a mi cuerpo, por lesionarle y agredirle, por odiarle tantas veces y someterle a dietas obscenas, críticas feroces, presiones desafiantes y miradas hirientes.

Me pido perdón por los orgasmos que fingí con la única intención de no herir la autoestima del macho de turno, por a veces sentirme incompleta sin un hombre al lado, por creerme los cuentos de hadas y desear comer perdices aun siendo más de chuletón… perdón, por creerme mitad y naranja, pequeña, insuficiente, responsable del mundo y sus desdichas, por considerarme mala persona si decía no, o solo por pensarlo; por no expresar deseos ni frustraciones, por complacer a toda costa y no escuchar mi alma y sus vaivenes, por no permitirme ser imperfecta y no llegar, por renunciar tantas veces a ser la que tendría que haber dado un corte de manga, por sentirme tantas veces culpable.

Perdón, repito, ya más tranquila. Amanece, y sonrío. Lleno los pulmones y confío. Soy una mujer engendrando una vida, la de otra mujer. Y ahora, hoy, aquí, por fin, me siento poderosa y capaz, sabia y libre, humana, hermanada con las mujeres, parte de un ciclo, en comunión con los hombres, igual, liberada, atenta, protegida y protectora, con la obligación de gritar, yo que puedo, por aquellas que no pueden, reconciliada, fuerte, voz, camino…

 Entrega de premios 31 (1)

Mamá, ¿me cuentas un cuento? Por Ruth Meléndez

-        Mamá, ¿me cuentas un cuento?

-        -Claro bonita, pero tápate bien, que no quiero que te enfríes… Érase una vez, hace muchos, muchos años, en un lugar muy, muy lejano vivía mucha gente. Había niñas, niños, madres, padres, abuelas, abuelos, tías, tíos… unos trabajaban, otros iban al cole, unos eran simpáticos y alegres, otros serios, unos eran malhumorados, otros eran callados, a unos les gustaba aprender cosas, a otros les gustaba más tomar el sol, a unos les gustaba su trabajo, a otros no… vivían felices unas veces, otras veces con problemas, con vidas normales… pero muchos de ellos tenían un problema muy, muy grande…

-        ¿Qué les pasaba Mamá?

-        Tenían miedo.

-        ¿Miedo? ¿de qué?

-        De todo lo que era diferente. Ya verás. Si había personas de un color que estaban trabajando y llegaba un compañero nuevo de otro color, se asustaban. Si había niños jugando en el parque y llegaba una niña que quería jugar con ellos, se asustaban. Si había estudiantes en clase y llegaba uno nuevo muy alto, o muy bajo, o muy gordo, o muy flaco, también se asustaban. Había rosados que tenían miedo si veían a uno marrón, había marrones que tenían miedo si se les acercaba uno naranja, había niños que se asustaban cuando llegaba uno que tenía gafas, había mujeres que tenían miedo si llegaba una muy guapa… había gente que tenía miedo de otra gente por todas partes.

-        Pues ¡qué tontos eran! ¿no, Mamá? ¿Y qué hacían? ¿Se escondían debajo de la mesa?

-        Bueno, no sé si eran tontos… lo que sí sé es que tenían miedo, pero no se escondían debajo de la mesa, no. Lo que hacían era disimular su miedo riéndose de los que eran diferentes. Era “su truco”. Pensaban que riéndose de los diferentes, los harían pequeñitos, pequeñitos, muy pequeñitos, y entonces ellos mismos, los diferentes, se esconderían, y se quedarían allí, en sus casas, con las puertas cerradas, porque los miedosos habrían conseguido que los que tuviesen miedo fuesen ellos, los diferentes. Pero, ¿a que no te imaginas de quién tenían los hombres más miedo que de nadie?

-        ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí que lo sé! ¡Tenían mucho miedo de los que eran muy grandes y muy fuertes! ¿A que sí, Mamá?

-        Pues no… de quien más miedo tenían era de las niñas pequeñitas.

-        ¿De las niñas? No lo entiendo Mamá… pero ¿por qué?

-        Porque esas niñas iban al cole, se hacían mayores, y aprendían a leer, a escribir, a pensar, a mandar, a escuchar, a entender. Hasta entonces estaban acostumbrados a que cuando las niñas se hacían mayores se casaban, tenían hijos, y se convertían en las reinas de su casa, pero no salían de allí, y cuando los hombres se dieron cuenta de que esas niñas podían también salir a la calle y ser profesoras, banqueras, científicas, astronautas, y construir puentes, y escribir libros, y dirigir empresas, y países… les dio tanto miedo… que no supieron qué hacer. Temían que llegaran a hacerse tan grandes, que los que se harían pequeñitos serían ellos, y entonces su magia se volvería contra ellos mismos, y ellos serían los que se encogerían mucho, muucho, muchííííísimo, hasta sentirse tan pequeñitos que no podrían moverse nunca más.

-        Pero entonces, ¿los que tenían miedo sabían hacer magia de verdad Mamá? ¿consiguieron hacer pequeñitos a los diferentes y a las niñas?

-        Desgraciadamente a algunos de ellos les funcionó el truco. Hicieron pequeñitos a mucha gente, a muchas niñas, y a muchas niñas que ya habían crecido y se habían hecho grandes. Personas que querían hacer cosas y que se sintieron tan pequeñitas, que se escondieron y se sintieron incapaces de hacer realidad sus sueños. Dejaron de querer estudiar lo que querían, dejaron de trabajar en lo que les gustaba, y dejaron de soñar.

-        Pobrecitos, Mamá…qué pena. ¡Qué cuento más triste! no me gusta.

-        Sí, es una pena, es verdad. Pero el cuento no acaba así. También hubo muchos que no se dejaron hacer pequeñitos. Había diferentes que eran valientes, mujeres que eran valientes, que dijeron que no. Que no iban a escuchar las cosas que les decían los miedosos, que no iban a dejar de hacer lo que querían hacer, que no iban a dejar de estudiar, que no iban a dejar de trabajar, que no iban a dejar de soñar. Y no sólo no iban a dejar que nadie les hiciera pequeñitos a ellos, sino que iban a luchar por todos los diferentes, todas las mujeres, y todas las niñas, que se habían hecho pequeñitas con la magia de los miedosos.

-        ¿Y también había hombres valientes Mamá?

-        Claro que sí, había también hombres valientes que no estaban dispuestos a dejar que nadie hiciese pequeñitas a sus niñas, y que también lucharon para ayudarlas.

-        ¿Como Papá?

-        Sí, chiquitina, como Papá. La vida cambió mucho en aquel lugar lejano. La magia de los miedosos perdió poder, dejó de funcionar en muchos sitios. Muchos diferentes consiguieron vivir la vida que querían, muchas niñas se hicieron mujeres que construyeron los puentes que querían construir, escribieron los libros que querían escribir, investigaron los problemas de la ciencia que querían entender… hicieron muchas cosas maravillosas, y la gente dejó de mirar mal a los diferentes y a las niñas, y empezó a mirar mal a los que miraban mal a esas niñas y a esos diferentes.

-        ¡Bieeeen! ¿Y los miedosos perdieron Mamá? ¿todo el mundo dejó de tener miedo? ¿así acaba el cuento?

-        No, los miedosos siguieron existiendo. Seguían intentando cortarles las alas a las niñas. Querían intentar seguir haciéndolas pequeñitas, pero cada vez les resultaba más difícil. Tenían que usar trucos nuevos, les ponían más dificultades, valoraban menos su trabajo, no las premiaban igual por lo que hacían…

-        No lo entiendo Mamá.

-        A ver cómo te lo explico… imagínate el cuento de Caperucita, cuando tenía que llevarle la merienda a la Abuelita. Pues los miedosos mandaban a un hombre por el camino corto, y a una mujer la mandaban por el camino largo.

-        ¡Como el lobo!

-        Sí, como el lobo… y si había que subir al segundo piso de un edificio, los miedosos enviaban a un hombre por el ascensor, y a una mujer la enviaban a subir por las escaleras. Los miedosos le daban a un hombre dos bolsas de caramelos por su trabajo, pero a una mujer sólo le daban una…

-        ¡Pero eso no es justo Mamá! ¡Qué malos eran los miedosos! ¿Y entonces las mujeres qué hicieron? ¿Dejaron de hacer cosas? Porque si a ellas se lo ponían todo más difícil, y además les daban menos caramelos, ¿para qué querían estudiar o trabajar?

-        No, mi amor, los miedosos no eran malos. Sólo tenían miedo, y cuando las personas tienen miedo hacen muchas tonterías, y a veces, si no consiguen quitarse ese miedo, hacen cosas malas, pero eso no quiere decir que ellos sean malos. Y las mujeres no dejaron de estudiar, ni de trabajar. Al contrario, no eran tan tontas como para dejar que unos cuantos miedosos ganaran y no les dejaran hacer lo que a ellas les gustaba. Lo que hicieron fue seguir estudiando, y seguir trabajando, y protestar cada vez que se daban cuenta de que les estaban haciendo trampas. Y así poco a poco, fueron cambiando el mundo.

-        ¡Qué bien Mamá! Ahora sí que me gusta este cuento.  Me gustaría ir a ayudar a esas niñas a mí también.

-        ¿Quieres que te cuente un secreto?

-        ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Cuéntamelo por favor!

-        Tú también las puedes ayudar. Porque todo esto pasó hace muuuucho tiempo en un lugar muuuuy lejano, pero también hace muy poquito, muy cerca de aquí, y tú tienes que estar preparada para no permitir que ningún miedoso te intente hacer pequeñita ni a ti, ni a nadie que esté cerca de ti.

-        ¿Y cómo lo voy a poder conseguir Mamá?

-        Tienes que ir al cole, aprender todo lo que puedas, aprender a escuchar, y aprender a expresar bien tus ideas, para que tu magia pueda crecer dentro de ti. Cuanto más preparada estés en la vida, más fuerte te hará tu magia, más brillarás, y los miedosos no se atreverán a intentar hacerte pequeñita ni a ti, ni a nadie que esté cerca de ti, porque sabrán que tú eres fuerte, y que tú no lo consentirás. Así que ahora cierra los ojos y duérmete para que mañana puedas ir al cole, sigas aprendiendo muchas cosas, y puedas ser lo que tú quieras y donde tú quieras.

-        Buenas noches Mamá. Te quiero.

-        Buenas noches mi amor. Yo también.

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